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Más tiempo, no más rentabilidad: el verdadero objetivo de invertir

Foto del escritor: Víctor Sánchez Segura
Víctor Sánchez Segura
28 sept
6 min de lectura

Cuando una persona comienza a invertir, hay una pregunta que aparece constantemente:


¿Dónde puedo obtener más rentabilidad?


¿Un depósito a plazo?

¿Acciones?

¿Fondos?

¿Bitcoin?

¿Inmobiliario?

¿Un índice tecnológico?


Parece una pregunta completamente lógica.


Si podemos conseguir una mayor rentabilidad, nuestro patrimonio crecerá más rápido y podremos alcanzar antes nuestras metas financieras.


Sin embargo, existe una pregunta anterior que muchas veces olvidamos:


¿Para qué estamos construyendo ese patrimonio?


Porque el patrimonio, por sí solo, no debería ser necesariamente el objetivo.


La mayoría de las personas no invierte simplemente para mirar un número cada vez más grande en una planilla.


Invertimos porque queremos conseguir algo:


  • Una mejor jubilación.

  • Más tranquilidad.

  • Viajar.

  • Trabajar menos.

  • Pasar tiempo con nuestra familia.

  • Poder emprender.

  • Tener más posibilidades.


En otras palabras, muchas veces buscamos algo mucho más valioso que una rentabilidad elevada:


buscamos opciones.


Y una de las opciones más importantes que puede comprar el dinero es nuestro propio tiempo.


El problema de convertir la rentabilidad en la meta


Cuando olvidamos el propósito original, el porcentaje empieza a convertirse en el objetivo.

Primero queremos un 8%.


Después encontramos algo que promete 10%.


Entonces buscamos el 12%.


Y aparece la sensación de que siempre debería existir alguna estrategia capaz de entregar un poco más.


El problema es que una mayor rentabilidad potencial normalmente no aparece gratis:


Puede exigir asumir más riesgo.

Más volatilidad.

Más conocimientos.

Más complejidad.

Más tiempo.

Y, en algunos casos, más ansiedad.


Por eso quizás deberíamos reemplazar la pregunta:


“¿Dónde puedo conseguir la máxima rentabilidad?”


por otras preguntas:


¿Qué quiero comprar con esa rentabilidad?

¿Qué tiempo quiero recuperar?

¿Qué opciones quiero crear?

¿Qué vida quiero financiar?


El dinero y las inversiones son herramientas. Deberían estar al servicio del proyecto de vida y no convertirse en el proyecto de vida.


Del dinero al tiempo


Una forma sencilla de entenderlo es mediante esta secuencia:


Dinero → patrimonio → flujo → tiempo → opciones


Primero generamos ingresos.


Ahorramos parte de ellos.


Ese ahorro se transforma progresivamente en patrimonio.


Pero un patrimonio que solamente existe como una cifra no necesariamente cambia nuestra vida cotidiana.


Cuando ese patrimonio comienza a producir flujo, algo cambia.


Ese flujo puede utilizarse para cubrir parte de nuestros gastos.


Y al cubrir gastos puede reducir parte de nuestra dependencia del ingreso activo.


Es ahí donde empezamos a recuperar tiempo.


Finalmente, ese tiempo se convierte en opciones:


  • Podemos trabajar menos.

  • Cambiar de empleo.

  • Emprender.

  • Viajar.

  • Estar presentes con nuestra familia.

  • Cuidar nuestra salud.

  • O simplemente decidir qué queremos hacer con nuestras horas.


Por eso, el dinero empieza a tener verdadero sentido cuando deja de ser solamente una cifra y se transforma en capacidad de elección.


Comprar tiempo también puede mejorar nuestro bienestar


En el vídeo menciono una investigación de Whillans y coautores que estudió precisamente el uso del dinero para ahorrar tiempo.


La idea es sencilla.


No todo gasto tiene el mismo impacto sobre nuestra calidad de vida.


Pagar para delegar ciertas tareas, reducir traslados o disminuir cargas que consumen nuestro tiempo puede permitirnos utilizar esas horas en actividades que valoramos más.


No significa que debamos pagar para delegar todo.


Significa que el tiempo también debería entrar en nuestra ecuación financiera.


A veces analizamos una compra solamente preguntándonos:

“¿Cuánto cuesta?”


Pero podemos incorporar una segunda pregunta:


“¿Cuánto tiempo me devuelve?”


En algunos casos, gastar dinero para ahorrar tiempo puede ser una decisión coherente con una mejor calidad de vida.


No necesitas comprar toda tu libertad de una vez


Uno de los problemas de la famosa libertad financiera es que puede parecer una meta gigantesca.


Una persona calcula cuánto patrimonio necesitaría para reemplazar completamente su sueldo y descubre que necesita cientos de millones de pesos.


La distancia entre su situación actual y esa meta puede ser enorme.


Eso puede generar ansiedad.


La sensación de que necesitas ahorrar muchísimo.


De que necesitas obtener una rentabilidad extraordinaria.


O de que necesitas encontrar esa inversión que acelere todo el proceso.


Existe otra forma de plantearlo.


No necesitas comprar toda tu vida de una sola vez.


Puedes comprar pequeñas porciones de libertad.


Primero una tarde.


Después un día.


Luego un fin de semana.


Quizás más adelante una semana completa.


Y eventualmente un mes al año.


Cada una de esas pequeñas metas puede convertirse en un peldaño hacia una mayor capacidad de elección.


La libertad financiera deja entonces de ser una cifra distante y empieza a convertirse en algo que puedes experimentar progresivamente.


Convierte el dinero nuevamente en horas


Existe un ejercicio muy útil.


Primero calcula cuánto ganas por hora.


Puedes tomar tu ingreso mensual y dividirlo por las horas que aproximadamente dedicas a producirlo.


Eso permite observar tus compras desde otro ángulo.


Quizás un determinado gasto no cuesta simplemente $500.000.


Quizás cuesta 30, 40 o 50 horas de tu trabajo.


Pero también podemos hacer el ejercicio inverso.


Preguntarnos:

¿Cuánto dinero necesito para recuperar determinadas horas?


Supongamos que quieres dejar libre una tarde cada semana.


Calcula cuánto ingreso estás dejando de producir durante esas horas.


Esa cifra se transforma en tu primera meta de flujo.


Ahora ya no estás buscando una cantidad arbitraria de patrimonio.


Estás financiando algo concreto:


una tarde de tu vida.


Después podrás determinar cuánto capital, ahorro o flujo necesitas para hacerlo posible.


El costo invisible de buscar unos puntos más


La rentabilidad tiene otro problema.


Normalmente medimos el beneficio, pero no siempre medimos todo el costo.


Supongamos que encuentras una estrategia que podría darte dos puntos adicionales al año.


Puede parecer una decisión evidente.


Pero imaginemos que para obtenerlos necesitas dedicar dos horas semanales adicionales a gestionar inversiones.


Dos horas semanales significan más de cien horas anuales.


Entonces la comparación deja de ser simplemente:


8% vs. 10%.


También debería considerar:


¿Qué estás haciendo con esas cien horas?


  • Quizás podrías dedicarlas a hacer ejercicio.

  • A tu familia.

  • A desarrollar una habilidad profesional.

  • A descansar.

  • O incluso a construir un negocio que podría mejorar mucho más tu situación financiera futura.


No significa que buscar más rentabilidad sea incorrecto.


Significa que esa rentabilidad tiene un precio.


Y ese precio no siempre se paga solamente en dinero.


Cuando la inversión se convierte en otro trabajo


Viví algo parecido con la inversión inmobiliaria.


Cuando analizamos una propiedad podemos calcular arriendo, vacancia, gastos y obtener una determinada rentabilidad.


Y entonces aparece una decisión aparentemente sencilla:


“Si yo mismo administro la propiedad, me ahorro la comisión.”


Financieramente puede aumentar ligeramente la rentabilidad.


Pero la realidad incluye otras cosas.


  • Llamadas.

  • Problemas con arrendatarios.

  • Reparaciones.

  • Comprar materiales.

  • Coordinar maestros.

  • Resolver emergencias.


Y muchas veces esos problemas aparecen exactamente cuando estás haciendo algo importante.


En nuestro caso llegó un momento en que nos preguntamos si realmente valía la pena.


La inversión producía dinero, pero también consumía tiempo, energía y tranquilidad.


Ese aprendizaje terminó cambiando mi forma de entender la rentabilidad.


La complejidad puede valer la pena.


Pero solamente si compra una vida mejor.


No si crea una nueva fuente de preocupación.


Tres maneras de comprar más tiempo


Invertir no es la única forma.


Podemos recuperar tiempo de tres maneras diferentes.


La primera es necesitar menos dinero.


Si reduces gastos que no aportan demasiado a tu calidad de vida, necesitas generar menos ingresos para sostenerla.


La segunda es ganar mejor.


Puedes desarrollar habilidades, especializarte, emprender o aumentar el valor de tu hora de trabajo.


Si antes necesitabas 40 horas para producir determinado ingreso y después necesitas 25, acabas de recuperar 15 horas.


La tercera es hacer que tu patrimonio produzca.


Construir un flujo que permita financiar progresivamente tus gastos y tus opciones.


Las tres estrategias persiguen algo similar:


reducir la cantidad de tu vida que estás obligado a intercambiar por dinero. 


Patrimonio no siempre significa opciones


También conviene diferenciar patrimonio de liquidez y flujo.


Puedes poseer un activo valioso y, sin embargo, no disponer de ese dinero para financiar tu vida cotidiana.


En el vídeo utilizo el ejemplo de un terreno.


Puede valer $50 o $100 millones.


Puede eventualmente aumentar de precio.


Pero mientras permanezca ahí, no necesariamente está financiando ninguna de tus necesidades actuales.


No significa que un terreno sea una mala inversión.


Significa que debemos preguntarnos si ese activo cumple el propósito que nosotros buscamos.


Porque una inversión que puede ser perfectamente adecuada para una persona puede no ser adecuada para otra.


Todo depende del proyecto de vida que intentamos financiar.


La verdadera métrica de riqueza


Después de todos estos años, mi forma de verlo es bastante sencilla.


La rentabilidad importa.


El patrimonio importa.


El ahorro importa.


Pero ninguno de ellos representa necesariamente la meta final.


Personalmente ahorro e invierto para tener opciones.


Por eso la secuencia que intento construir es:


patrimonio → flujo → tiempo → presencia → propósito.


El patrimonio produce flujo.


El flujo compra tiempo.


El tiempo permite estar presente.


Y esa presencia puede utilizarse en las cosas que realmente importan:


  • Salud.

  • Relaciones.

  • Familia.

  • Proyectos.

  • Propósito.


Por eso una buena inversión no debería limitarse a aumentar el número que aparece en tu Excel.


Debería acercarte progresivamente a la vida que quieres vivir.


Una pregunta para terminar


Si mañana pudieras recuperar una pequeña porción de tu tiempo gracias a tus finanzas:


¿qué comprarías primero?

  • ¿Una tarde?

  • ¿Un día libre a la semana?

  • ¿Una semana adicional de vacaciones?

  • ¿Más tiempo para entrenar?

  • ¿Más presencia con tu familia?


Esa respuesta puede ser mucho más útil para diseñar tu estrategia financiera que simplemente preguntarte qué inversión ofrece la mayor rentabilidad.


Porque quizás tu verdadero objetivo no sea conseguir más porcentaje.


Quizás sea conseguir más vida.


Te dejo el vídeo de esta semana donde abordamos el mismo tema =) Gracias por leer.



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